Saturday, September 1, 2018




Aclaración previa: El propósito original al escribir esta nota fue criticar el sentido de valorización del ser humano a partir de la popularidad, las posesiones y la fama. Fue redactado en un sentido bufonesco y no con verdadera rigidez expositiva, de ahí que algunas de las conclusiones y deducciones a las que arriba resulten disparatadas (o del todo absurdas) al lector. Lo que es importante subrayar en el escrito es que el valor del SER esencial (NO el del “ser” relativo de la personalidad) es absoluto e independiente de cualquier otro elemento externo. “Negarse a uno mismo” (como sugería Jesucristo hacerlo) equivale a negar el “ser” superfluo y dependiente del reconocimiento y las posesiones que se aloja en nuestra personalidad. Un logro tal conlleva descubrir al SER libre, soberano y absoluto en el que existimos como seres trascendentes y es el que conduce al individuo a un verdadero “nuevo nacimiento”. No es ésta una tarea fácil.

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Apreciados amigos (en especial los únicos 2 o 3 que me leen):

Me acabo de enterar que según algunos renombrados analistas, si uno tiene varios años de tener una cuenta en Facebook* y no cuenta con al menos unas pocas decenas de amigos, uno no está en nada y algo anda muy mal. Según estos interesantes estudiosos, “TENER” muchos amigos en la red es sinónimo de “SER” muy conocido, sociable y popular. He de confesarles que cuando me enteré de esta nota, corrí a revisar mi cuenta y me topé con la nada agradable y muy preocupante noticia de que en mis muchos años de tener cuenta en Facebook solamente cuento con unos pocos prójimos afiliados a mi muro (¡y varios de ellos son mis propios familiares!). Amigos míos, ¡esto no puede continuar así!

Decidí analizar estas cosas con mente fría para buscarles una solución y evitar caer en la “depre” (palabra tan de moda hoy en día), y lo primero que hice fue considerar en detalle la tesis de estos pensadores. Me di cuenta de que estos prójimos en verdad son muy inteligentes, porque si bien no nos revelan toda la profundad de sus cogitaciones (entiéndase, “pensamientos”), de seguro tienen que haber arribado a la siguiente conclusión: «tener es reductible a ser». (Sí, ya sé que esto último demanda un aclaración “ipso facto” so pena de abandonar la lectura “right now”.)

Se lo pongo facilito: Si usted TIENE educación entonces usted ES educado. Si TIENE riqueza, ES rico. Si TIENE salud, ES saludable, etc. etc. etc., y así continúa la letanía. Obviamente lo opuesto es igualmente válido: SI usted NO TIENE educación entonces usted ES un mal educado, si NO TIENE plata, ES pobre, etc. etc. etc. En todos y cada uno de los casos TENER resulta reductible a SER, es decir, una cosa conlleva a la otra y la termina reduciendo a un único estado, el de “ser”. (Por cierto, recuérdese que “ES” es la 3ª persona singular del presente indicativo del verbo “SER“, eso es muy importante).

¿Y cuál sería la importancia de todo esto? Pues mucha, porque no hace falta demasiada masa gris para concluir (siguiendo el razonamiento anterior) que para “ser” hay que “tener”, y como el común de la gente identifica el SER con el “ego” resulta que si alguien POSEE (o tiene) mucho de algo, entonces considera que ES más que el resto de prójimos que andan escasos de tal posesión. Igualmente, aquellos que andan DESPOSEÍDOS de algo (o les escasea), tienden a considerar que SON menos que el resto de prójimos que sí disponen en abundancia de aquello que consideran su carencia.

Ahora bien, hay dos tipos de posesiones que se valoran por sobre todas las demás: riqueza y fama, y puesto que las cosas son así (la afirmación me parece incuestionable) y se considera a quienes ostentan abundancia de tales posesiones como que (ellos) SON mucho más que los demás, una gran cantidad de personas hace todo lo que esté a su alcance con el fin de medio acercarse a esos encumbrados y con ello conseguir (por una suerte de ósmosis existencial) lograr al menos “medio SER”. Parece entonces que el mundo está carente de SER debido a los poquísimos súper millonarios y archi-famosos que se lo consumen todo y que casi no nos dejan nada a nosotros simples almas existentes desposeídas de eseidad (de “ser”, valga aclarar).
Así, el “ser común” debe ser terriblemente elástico, puesto que depende de lo que se tenga o de lo que se carezca.

Pero todo esto me presenta un tremendo lío porque las almas más sublimes y admirables de la historia se caracterizaron por su sencillez, por lo poco que tenían y por lo poco con que subsistían (Jesucristo, por ejemplo, afirmaba no tener ni dónde recostar su cabeza). Que yo sepa, todos estos individuos no le daban mayor importancia a las riquezas y decían lo que tenían que decir sin importarles si sus comentarios afectarían a la larga su popularidad (nuevamente me viene a la memoria un pasaje de los evangelios en el que la mayoría de los seguidores de Jesús le dan la espalda debido a sus palabras).

Esta singular e interesante actitud no ha sido, sin embargo, exclusiva de fundadores religiosos. A lo largo de la historia, notables pensadores, filósofos, artistas y científicos han mantenido una tendencia similar, en especial frente a las posesiones materiales, pereciera que al sentido de “SER” de ellos le resbalara la valorización basada en los bienes y la popularidad. Es más, hasta la fecha es posible observar que las mentes más brillantes (digo realmente “brillantes”), poseedoras de profundos conocimientos y criterio tienden a ser extremadamente sencillas y humildes y mantienen la insólita costumbre de no preocuparse por las cosas materiales, ni por las apariencias, ni le prestan importancia a lo que el resto de los mortales si les parece en extremo importante y necesario.

¿A quién le hago caso entonces? ¿A los individuos iluminados de la historia o al estudio de los sesudos con el que inicié esta nota? No es tan fácil decidir pero, puesto que “Vox populi, vox Dei” (“la voz del pueblo, [es] la voz de Dios”) y los estudiosos no hicieron más que recoger el decir y el sentir de las grandes mayorías para elaborar su estudio, he decidido ignorar a sabios y a maestros, y proceder a tener muchos más amigos en Facebook para poder “SER” alguito más yo también (por supuesto, ese “más” dependerá de la cantidad de nuevos amigos que logre conjuntar), así ya no andaré tan escasito de “eseidad” (de “ser”, valga repetir).

Como ustedes son mis grandes amigos les voy a contar el secreto de cómo hacer para TENER una mayor cantidad de nuevos contactos en Facebook y SER con ello populares e importantes. Primero tienen que visitar el sitio “buyfacebooklikesfans”, ahí se pueden COMPRAR desde 100 hasta 2000 amistades, y luego tienen que (obviamente) pagar. Los precios oscilan entre los $11.95 y los $119.95 (¡toda una ganga si se piensa en los beneficios que se obtendrían en términos de poder SER más!). Ahora bien, tengo un problema que resolver antes, ¡no tengo en mi cerdito los primeros $11.95 para comprar mis primeras 100 amistades!

Así que como no TENGO ni plata, ni amistades, ¡casi no SOY! Pero no me rindo, quizá alguno de mis amigos en Facebook quiera proveerme su lista de amistades (al fin y al cabo, ¿para qué son los amigos?) o donarme los primeros $11.95. ¿Muy feo pedir así? La verdad no me preocupa pues como casi no SOY, no me afecta. Además, todo sea en aras de poder SER un poco más.

Por cierto, y con esto finalizo, decía Descartes (a quien yo descarté desde hace tiempo) “que si uno piensa, existe”, pero como para pensar no basta con existir, sino que primero hay que “ser”, resulta que (si se siguen las leyes de la lógica) aquellos que piensan SON y quienes no lo hacen (o escasamente lo hacen) NO SON (o son un poquito menos que aquellos que cogitan bastante más). Como para el presente caso (abocado a tener más SER) no importa tanto la calidad como la cantidad de pensamiento, y como se dice que “quien peca y reza empata”, yo me he dedicado a pensar aunque sea disparates y con ello compensar la escases “eséica” debida a la poca cantidad de amigos en Facebook y a la falta de monedas en mi cerdito para comprarme mis primeros 100 despampanantes amigos. Con esto concluyo, esperando contar con la valiosa contribución de alguien que SEA más que yo (al menos en este momento). ¡Gracias amigos!

*Plataforma en la que originalmente fue publicado este artículo.

Universidad Facebook

Jorge Vargas Cullell, filósofo costarricense, relató en una columna del diario La Nación la siguiente anécdota: “…en Colombia, un doctor en Sociología, llegó a una gasolinera y el pistero le preguntó: “¿Qué le sirvo, doctor?”. Deleitado y al mismo tiempo intrigado por el trato, el sociólogo le respondió: “¿Cómo supo que soy doctor?” A lo que el pistero replicó: “Es que en Colombia cualquier pendejo es doctor”.

En cuanto leí esta historia se me prendió el bombillo y en doble incandescencia, porque vi, por un lado, la oportunidad perfecta para hacer un gran negocio y, por el otro, la forma de atiborrar nuestros países de todo tipo de profesionales de alto nivel (licenciados, masters y doctores) que van a atraer a los inversionistas extranjeros y que van contribuir a que seamos una región riquísima.

Para los interesados en participar del negocio el asunto va así: Vamos a fundar una instituto de educación superior llamado “Universidad Facebook” (ahí está el logo)* y la vamos a promocionar, obviamente, por este mismo medio. No es necesario que me digan que ya existe algo con el nombre de “University of Facebook”, eso es solo para ingenieros, además, no hay porque que ser tan negativo ni aguafiestas. Como esta red es tan popular, y como “Facebook” suena parecido a “cara de libro”, y como los libros, además, son sólo para la gente que estudia, es buenísima idea usar ese nombre. Yo sé que alguno me va a venir con que la traducción “cara de libro” es del todo errónea, no importa, lo que cuenta en este caso es la intención, y “cara de libro” suena muy estudioso y apropiado.

Nos vamos a distinguir por sobre cualquier otra universidad por dos razones: 1) ser prácticos y 2) muy (pero muy) económicos. Vamos a sacar provecho de eso que todo el mundo sabe (aunque se haga el tonto): que la gente se gradúa hoy en día como abejones de mayo y que no saben nada de nada. Hoy por hoy lo que importa es el título, y ahí está el secreto del negocio que propongo.
Operaríamos así:

1) Cuando el aspirante llegue a nuestro elegante edificio (hay que invertir en eso por aquello de las apariencias) lo primero que le vamos a preguntar es en qué profesión desea graduarse y cuál es el nivel de posgrado al que aspira.

2) Le proporcionamos la lista de nuestros bajísimos precios para los distintos títulos académicos (que van desde un bachillerato universitario hasta el doctorado, el primero sería el más barato y el último el más oneroso), a fin de que elija su opción más conveniente, es decir, la que esté más al alcance de su bolsillo.

3) Una vez hecha la elección por parte del futuro graduado procedemos a consultar los calendarios y le asignamos de inmediato una fecha tentativa de graduación, la que por lo general acontece unas pocas semanas posteriores a la fecha de matrícula (en dependencia de la cantidad de postulantes por cada rama de estudio). Para los lectores más lentitos debo aclarar que en nuestra universidad NO será necesario haber llevado ningún curso ni haber puesto un pie en el aula para poder obtener un prestigioso grado académico.

4) Se le da una semana para que pague (si no, “no hay de piña”).**

5) Le confirmamos a los solicitantes por email (por ser más barato) la fecha de entrega de títulos, el código de vestimenta, y los costos por alquiler de togas y birretes. De igual forma les informamos cuanto cobramos por anillos de graduación (todo esto es parte del negocio).

6) El día de graduación procedemos (claro está) a la entrega de los títulos. Los discursos de entrega los darán algunos ex graduados de nuestra propia alma mater y versarán sobre los beneficios de poseer un título académico cuando se trabaja para el gobierno (de seguro gran parte de nuestros graduados van a colocarse ahí), o para el sector privado (firmando toda suerte de estudios que favorezcan los intereses de las grandes corporaciones).

7) Las palabras finales de despedida las dará el presidente de la Universidad Facebook (es decir, su servidor) y serán siempre las mismas: “Queridos estudiantes, esperamos que les vaya muy bien en sus vidas profesionales. Los que quieran partir están en la libertad de hacerlo y los que quieran en verdad aprender recibirán un folleto sobre otras instituciones más o menos regularcitas donde podrán llevar las materias que consideren pertinentes, al fin y al cabo ya cuentan ustedes con sus flamantes títulos académicos”. (No creo que vaya a hacer falta gastar plata imprimiendo muchos de esos folletos… casi nadie los va a querer.)

Antes de que se pongan pesimistas y me digan que una universidad así no es negocio ni funciona, les tengo que dejar saber que estoy enterado de primera mano sobre la fundación “tiempo ha” de una universidad creada exprofeso en Costa Rica con el fin de otorgar títulos profesionales a algunos altos dirigentes de cierto partido político (de cuyo nombre no me da la gana acordarme) y que luego de “graduados” estos prójimos, procedieron a clausurar la tal universidad. Todo se hizo “de a calladito” y uno de esos graduados es (de pura circunstancia) conocido mío.

Ahora bien, hay que preparar algunas respuestas para los interesados que sean más avispados. Podría suceder, por ejemplo, que alguien nos cuestione:

— ¿¡Pero weón!, qué voy a hacer yo con un título de abogado si no sé nada de leyes?

—Fácil, se le responde. Lo que usted hace es que se consigue una platilla y pone un bufete de abogados.

— ¿Y qué hago con eso weón? —insiste el menso. No le acabo de decir que si me graduó de aquí no voy a saber nada de leyes.

—Idiay weón, ¿qué es, que no le cae? —Como para abrir un bufete hay que ser abogado, usted pone la oficina, cuelga el título y contrata a un montón de tinterillos, de esos weónes que saben más que los mismos abogados graduados, les paga una comisión bajita por cada caso y usted se queda con todo el resto de la plata. ¿Ya la vió? También puede contratar weónes recién graduados de otras universidades y les paga cualquier cosa.

¡Hay que ver la cara de iluminación que va a poner nuestro interesado! (¡Cliente convencido!).

Yo insisto que esto funciona, aquí mismo (en los EE.UU) me he topado con doctores que obtuvieron su título con una tesis que es como para (sin exagerar) morirse de la risa. En otro caso conocí a un prójimo eclesiástico que apenas podía medio escribir y que aspiraba a convertirse en doctor, yo me di cuenta de su falta de formación debido a que fui invitado a participar en su “doctoral thesis support team”. Al final era tanto lo que había que cambiar y corregir que me retiré del grupo aduciendo falta de tiempo. He de decir que al final el susodicho fulano siempre se salió con la suya y que, hoy por hoy, es doctor en divinidades ¡y que gana como tal!

Bueno amigos, ¿se apuntan al negocio o no?

*Escrito originalmente en Facebook
**Expresión costarricense, equivale a “nada de nada”.