Saturday, September 1, 2018

Universidad Facebook

Jorge Vargas Cullell, filósofo costarricense, relató en una columna del diario La Nación la siguiente anécdota: “…en Colombia, un doctor en Sociología, llegó a una gasolinera y el pistero le preguntó: “¿Qué le sirvo, doctor?”. Deleitado y al mismo tiempo intrigado por el trato, el sociólogo le respondió: “¿Cómo supo que soy doctor?” A lo que el pistero replicó: “Es que en Colombia cualquier pendejo es doctor”.

En cuanto leí esta historia se me prendió el bombillo y en doble incandescencia, porque vi, por un lado, la oportunidad perfecta para hacer un gran negocio y, por el otro, la forma de atiborrar nuestros países de todo tipo de profesionales de alto nivel (licenciados, masters y doctores) que van a atraer a los inversionistas extranjeros y que van contribuir a que seamos una región riquísima.

Para los interesados en participar del negocio el asunto va así: Vamos a fundar una instituto de educación superior llamado “Universidad Facebook” (ahí está el logo)* y la vamos a promocionar, obviamente, por este mismo medio. No es necesario que me digan que ya existe algo con el nombre de “University of Facebook”, eso es solo para ingenieros, además, no hay porque que ser tan negativo ni aguafiestas. Como esta red es tan popular, y como “Facebook” suena parecido a “cara de libro”, y como los libros, además, son sólo para la gente que estudia, es buenísima idea usar ese nombre. Yo sé que alguno me va a venir con que la traducción “cara de libro” es del todo errónea, no importa, lo que cuenta en este caso es la intención, y “cara de libro” suena muy estudioso y apropiado.

Nos vamos a distinguir por sobre cualquier otra universidad por dos razones: 1) ser prácticos y 2) muy (pero muy) económicos. Vamos a sacar provecho de eso que todo el mundo sabe (aunque se haga el tonto): que la gente se gradúa hoy en día como abejones de mayo y que no saben nada de nada. Hoy por hoy lo que importa es el título, y ahí está el secreto del negocio que propongo.
Operaríamos así:

1) Cuando el aspirante llegue a nuestro elegante edificio (hay que invertir en eso por aquello de las apariencias) lo primero que le vamos a preguntar es en qué profesión desea graduarse y cuál es el nivel de posgrado al que aspira.

2) Le proporcionamos la lista de nuestros bajísimos precios para los distintos títulos académicos (que van desde un bachillerato universitario hasta el doctorado, el primero sería el más barato y el último el más oneroso), a fin de que elija su opción más conveniente, es decir, la que esté más al alcance de su bolsillo.

3) Una vez hecha la elección por parte del futuro graduado procedemos a consultar los calendarios y le asignamos de inmediato una fecha tentativa de graduación, la que por lo general acontece unas pocas semanas posteriores a la fecha de matrícula (en dependencia de la cantidad de postulantes por cada rama de estudio). Para los lectores más lentitos debo aclarar que en nuestra universidad NO será necesario haber llevado ningún curso ni haber puesto un pie en el aula para poder obtener un prestigioso grado académico.

4) Se le da una semana para que pague (si no, “no hay de piña”).**

5) Le confirmamos a los solicitantes por email (por ser más barato) la fecha de entrega de títulos, el código de vestimenta, y los costos por alquiler de togas y birretes. De igual forma les informamos cuanto cobramos por anillos de graduación (todo esto es parte del negocio).

6) El día de graduación procedemos (claro está) a la entrega de los títulos. Los discursos de entrega los darán algunos ex graduados de nuestra propia alma mater y versarán sobre los beneficios de poseer un título académico cuando se trabaja para el gobierno (de seguro gran parte de nuestros graduados van a colocarse ahí), o para el sector privado (firmando toda suerte de estudios que favorezcan los intereses de las grandes corporaciones).

7) Las palabras finales de despedida las dará el presidente de la Universidad Facebook (es decir, su servidor) y serán siempre las mismas: “Queridos estudiantes, esperamos que les vaya muy bien en sus vidas profesionales. Los que quieran partir están en la libertad de hacerlo y los que quieran en verdad aprender recibirán un folleto sobre otras instituciones más o menos regularcitas donde podrán llevar las materias que consideren pertinentes, al fin y al cabo ya cuentan ustedes con sus flamantes títulos académicos”. (No creo que vaya a hacer falta gastar plata imprimiendo muchos de esos folletos… casi nadie los va a querer.)

Antes de que se pongan pesimistas y me digan que una universidad así no es negocio ni funciona, les tengo que dejar saber que estoy enterado de primera mano sobre la fundación “tiempo ha” de una universidad creada exprofeso en Costa Rica con el fin de otorgar títulos profesionales a algunos altos dirigentes de cierto partido político (de cuyo nombre no me da la gana acordarme) y que luego de “graduados” estos prójimos, procedieron a clausurar la tal universidad. Todo se hizo “de a calladito” y uno de esos graduados es (de pura circunstancia) conocido mío.

Ahora bien, hay que preparar algunas respuestas para los interesados que sean más avispados. Podría suceder, por ejemplo, que alguien nos cuestione:

— ¿¡Pero weón!, qué voy a hacer yo con un título de abogado si no sé nada de leyes?

—Fácil, se le responde. Lo que usted hace es que se consigue una platilla y pone un bufete de abogados.

— ¿Y qué hago con eso weón? —insiste el menso. No le acabo de decir que si me graduó de aquí no voy a saber nada de leyes.

—Idiay weón, ¿qué es, que no le cae? —Como para abrir un bufete hay que ser abogado, usted pone la oficina, cuelga el título y contrata a un montón de tinterillos, de esos weónes que saben más que los mismos abogados graduados, les paga una comisión bajita por cada caso y usted se queda con todo el resto de la plata. ¿Ya la vió? También puede contratar weónes recién graduados de otras universidades y les paga cualquier cosa.

¡Hay que ver la cara de iluminación que va a poner nuestro interesado! (¡Cliente convencido!).

Yo insisto que esto funciona, aquí mismo (en los EE.UU) me he topado con doctores que obtuvieron su título con una tesis que es como para (sin exagerar) morirse de la risa. En otro caso conocí a un prójimo eclesiástico que apenas podía medio escribir y que aspiraba a convertirse en doctor, yo me di cuenta de su falta de formación debido a que fui invitado a participar en su “doctoral thesis support team”. Al final era tanto lo que había que cambiar y corregir que me retiré del grupo aduciendo falta de tiempo. He de decir que al final el susodicho fulano siempre se salió con la suya y que, hoy por hoy, es doctor en divinidades ¡y que gana como tal!

Bueno amigos, ¿se apuntan al negocio o no?

*Escrito originalmente en Facebook
**Expresión costarricense, equivale a “nada de nada”.