ACTIVISMO, ADOCTRINAMIENTO, Y PROSELITISMO DESHONESTOS
Cuando era
niño y alguien quería poner en duda la validez o la autenticidad de algún
escrito solía recurrir a la expresión «el papel aguanta lo que le pongan». Hoy
en día lo apropiado sería decir «Internet aguanta lo que le pongan».
Desde ya
hace algún tiempo se ha venido incrementando en las redes sociales el uso de
fotografías e ilustraciones que contienen frases atribuidas a tal o cual
personaje famoso con la finalidad de llevar agua a los molinos de distintas
causas. Dado que la mayor parte de estas citas son espurias, podemos afirmar
que nos enfrentamos a una tendencia no sólo deshonesta (al menos
intelectualmente deshonesta), sino también manipuladora y engañosa.
Los temas
favoritos con los que se suele hacer más uso de esta reprochable práctica son:
la religión, las causas políticas, los temas de motivación
personal, los derechos humanos (y animales), la temática medioambiental, los
asuntos de geopolítica y los postulados de la Nueva Era (entre otros tantos).
En cuanto a los personajes más usados (y abusados) se pueden mencionar al Buda,
Albert Einstein, Gandhi, John Lennon, la Madre Teresa, el Dalai Lama, el Papa
Francisco y a varios otros más.
Para
aquellos a quienes pudiera no resultarles claro en dónde radica el problema con
esta tendencia, me gustaría hacer algunos comentarios:
- Cuando se hace uso del nombre de un personaje reconocido para atribuirle un pensamiento que no le pertenece (o que es una distorsión de sus ideas), no sólo se está irrespetando al individuo, se está buscando confundir y generar argumentos de autoridad. El propósito detrás de esta práctica es que quien reciba la publicación se vea obligado a sentir todo el peso del personaje citado como prueba de la validez absoluta del mensaje que se busca promover.
- Los creadores de estos materiales, o bien son ignorantes, o mal intencionados. Lo primero, si bien perdonable, es injustificable: no hay razón para no investigar sobre la autenticidad de una cita antes de hacer uso de ella. Lo segundo es mucho más serio: intervienen elementos de premeditación calculada, y de maquiavélica alevosía, tendientes a confundir al lector y a favorecer a ultranza una causa (con frecuencia dogmática).
- La divulgación masiva de este tipo de material contribuya a la creación de una pseudo-cultura de la información: los consumidores no críticos distribuyen y redistribuyen masivamente estas publicaciones entre las redes sociales contribuyendo con ello a formalizar y a «institucionalizar» el engaño, y a perpetuar conceptos y nociones erradas sobre los (supuestos) autores de estos contenidos.
- Se desfigura a tal extremo el pensamiento de los personajes citados que finalmente sus ideas se tornan irreconocibles. Se pone a ateos a predicar sobre Dios, y a religiosos a presentarse como humanistas. Los artistas se convierten en políticos consumados y estos últimos en verdaderos iluminados. Una deformación abusiva y dañina en contra de la cultura general, el pensamiento riguroso, y las manifestaciones artísticas (y místicas) que elevaron a estas personas a los más altos niveles del reconocimiento público.
- En ocasiones los disparates llegan hasta el extremo de inventar historias que nunca ocurrieron, no voy a dar ejemplos para evitar herir susceptibilidades,* lo cierto del caso es que en cierta ocasión leí cómo se le atribuía a un personaje notabilísimo, un episodio durante su niñez que simplemente jamás ocurrió (esto lo habría sabido cualquiera que hubiese leído su biografía o conocido sus líneas más básicas de pensamiento). Los autores de estos engendros no solo no respetan las ideas ajenas, sino que insultan la vida de aquellos que usan en sus publicaciones.
- Las suplantaciones siempre se hacen con individuos de los que resulta difícil conocer a fondo toda la documentación que existe en torno a sus planteamientos. Nunca se hacen citas apócrifas de personajes que pueden ser fácilmente cotejados y constatados. ¿Ha visto acaso alguien una publicación en la que se pone en la boca un personaje bíblico (digamos Jesús) una apología en contra del maltrato animal o de la contaminación ambiental? (es sólo un ejemplo). No se hace porque la mayoría de las personas tienen al menos una Biblia en su casa y tienen bastante claro qué cosas dijo Jesucristo y qué no. De esto se desprende que hay intencionalidad detrás de la autoría de estos materiales.
- En los círculos homiléticos (es decir, aquellos en que la retórica se aplica a la predicación) se afirma que «un texto fuera de contexto se convierte en un pretexto». Nada más preciso para describir otro de los problemas que este tipo de pensamiento sucinto conlleva. No se trata solamente de que se le adjudiquen ideas a quien no le pertenecen o no se adscribe a ellas, sino que (para colmo de males), con un simple extracto (sea este espurio o no) se justifica cualquier tipo de extremismo o barrabasada. No basta con leer una idea «telegráfica» del pensamiento de un individuo notable para comprender cabalmente el significado de aquel compendio de sus palabras, para ello es necesario conocer una buena parte de su filosofía global.
En la época
antigua, y hasta la Edad Media, se hizo uso extremo de este tipo de
argumentación sofista (y perdonen que me ponga medio académico):* bastaba con
que algún prójimo pusiera en duda una tesis de Aristóteles (aunque contara con
el respaldo de una prueba científica contundente) para que el resto de la
comunidad escolar le cayera encima y lo fulminara con un «magister dixit» («el
maestro lo dijo»), es decir, los razonamientos eran autorreferenciales y se
sustentaban en axiomas cuyo fundamento eran ellos mismos y la retórica
infundada; con ello se negó por siglos cualquier posibilidad de avance y
progreso científico.
Les juro
(es sólo una expresión), que es mi criterio que estamos retrocediendo en
términos culturales a una especie de «Edad Media Tecnológica» donde la gente
sabe hacer uso operativo de los recursos computacionales disponibles pero
carece de la capacidad de filtrar los resultados de la copiosa información que
recibe y, ante todo, de someterla a los escrutinios del juicio crítico.
Si uno no
está seguro sobre la autoría de una cita y quiere publicar un pensamiento
atribuido a un personaje famoso y reconocido, lo menos que debería hacer es
comentar el asunto en su publicación. Digo yo, esto es sólo mi opinión.
Paz ☮ ✌
*Artículo originalmente publicado para un grupo de amigos en Facebook.