Matanzas en los EE.UU.
¡Y una matanza más! … y de nuevo las mismas discusiones públicas de siempre: ¿es producto de las leyes que favorecen las portación de armas, o es culpa de las personas que hacen uso de éstas? ¿Quién es al fin y al cabo el que mata, el arma o el individuo que la porta?
En un mundo donde las personas pudieran pensar libremente, sin ser sometidas a las fuertes influencias de los «creadores de opinión», las respuestas parecerían ser obvias: el arma, como instrumento PASIVO (es decir, como utensilio que recibe la acción de otro sin actuar autónomamente) carece del necesario componente volitivo que la haga operar por sí misma. El responsable sería entonces el desquiciado mental quien, fungiendo como elemento ACTIVO (es decir, como aquel que por definición es «actor de sus actos»), hace uso ella para tirotear a tantos inocentes como le resulte posible.
El argumento anterior (o algo similar, porque ese fue de mi manufactura) es utilizado a ultranza por la muy poderosa «Asociación Nacional del Rifle de los EE.UU.» para evitar cualquier forma de regulación a la portación de armas, y para promover la venta libre de (casi) cualquier tipo de éstas (incluyendo los famosos rifles de asalto). Según la retórica de esta organización, lo que en realidad es necesario controlar es a los enfermos mentales, quienes, al fin y al cabo, también pueden hacer uso de cualquier otro objeto (un cuchillo, un bate, un martillo, etc.) como instrumento de muerte.
Hasta aquí la argumentación parece razonable e inobjetable, no obstante, contiene varias falacias:
1) No se trata de asesinatos sino de matanzas (la distinción es importantísima). Un desquiciado que (como ejemplo) porte un cuchillo en un lugar público, puede herir o matar a una o (a lo sumo) a unas pocas personas, su poder letal es potencialmente limitado en virtud del instrumento del que hace uso. De igual forma, el poder de defensa de la víctima es potencialmente superior, cuenta con mayor posibilidad de sobrevivir: puede hacer uso de técnicas de defensa personal, puede correr sin temor a ser alcanzado por las balas, puede ser auxiliado por individuos que intervengan en el ataque, etc. (Me parece evidente que no es necesario extenderse mucho en la explicación en torno al porqué es más probable sobrevivir al ataque con cualquier utensilio convencional que al de un arma de fuego —sea que se trate de una pistola o un rifle de asalto—, y tampoco al porqué la cantidad de víctimas entre un caso y otro es muy distinto).
2) Siguiendo la lógica de la asociación (es decir, haciendo aplicación puntual del razonamiento), las armas de extinción masiva (sea que se trate de las nucleares, las químicas o las biológicas), tampoco constituirían un problema en sí, sino que serían los individuos que hacen uso de éstas los únicos responsables por las muertes que se deriven de su uso. Como prueba de su razonamiento podrían (eventualmente, porque nunca lo he visto) mencionar los aviones utilizados en los atentando del 11 de setiembre del 2001 como ejemplo de que muchas cosas pueden igualmente ser usadas como «arma de destrucción masiva»: un autobús, un tren, un barco, etc., y que esto demostraría una vez más que el problema yace en los sujetos, no en los objetos. Este argumento obvia el «principio de función» de las cosas. Me explico: el «principio de función» de una botella (por ejemplo) es contener líquido, no acabar con la vida de nadie. No existe responsabilidad implícita en la construcción de la botella por su potencial uso como arma. Aunque una botella pueda ser usada para rompérsela en la cabeza a un prójimo (tipo «Viejo Oeste») o para (luego de quebrarla) proceder a zampársela en la barriga a otro fulano (tipo pandillero), eso no implica que su propósito original fuera el de herir o el de acabar con la vida de nadie. Si ese razonamiento fuera correcto entonces tendríamos que concluir por igual que Dios mismo sería el responsable por la muerte del diácono Esteban (tal y como aparece narrada en el libro de los Hechos de los apóstoles), por haber creado las piedras con las cuales lo lapidaron (una irreverencia y un absurdo a todas luces pues, esencialmente hablando, las piedras no son armas). Por definición un arma es «un instrumento, un medio o una máquina destinados a atacar o a defenderse». Las armas (todo tipo de armas) son construidas con el propósito ex profeso de herir o liquidar a un tercero. Ahí es donde radica el meollo de lo engañoso en el argumento de la asociación, pues, no sólo obvia el principio (de función de las cosas), sino la corresponsabilidad que tienen fabricantes y distribuidores en la muerte de inocentes.
3) Pedir que se controle a los individuos que padecen trastorno mental es tan disparatado como pedir que se controle a los prójimos que sufren de presión arterial: simplemente surgen de la noche a la mañana. Si bien es cierto muchas de las personas que han protagonizado las matanzas mostraban desde antes alarmantes señales de conducta, también es cierto que ha sido la misma asociación la que más inflexiblemente se ha opuesto al control en la venta de armas y a la revisión de los registros de los potenciales compradores. Por otra parte, el ser humano es impredecible, no resulta tan extraño el hecho de que un individuo conocido por una notoria ecuanimidad y estabilidad, de la noche a la mañana se convierta en un asesino o en un francotirador motivado por (según él) deseos irrefrenables de venganza y justicia.
4) Un individuo mentalmente perturbado en posesión de un instrumento no letal, no es capaz de realizar el mismo nivel de daño que el que puede hacer uno que sí cuenta con un arma de fuego (una verdad de Perogrullo, pero hay que mencionarla). Como no es posible determinar a ciencia cierta y con absoluta seguridad quien puede (de la noche a la mañana) trastornarse y quien no, los objetos letales diseñados con el propósito ex profeso de quitar la vida o causar daño deberían estar únicamente en manos de las autoridades competentes, no en las del público (y menos aún ser vendidas como si se tratara de juguetes).
En este país resulta más difícil comprar un medicamento (debido a la gran cantidad de calculados controles) que comprar un arma de asalto AK-47. Los fabricantes y distribuidores de armas deberían ser considerados corresponsables por las muertes y (al menos) resarcir económicamente a los deudos.
Quedaría mucho por decir pero queda poco tiempo y espacio para hacerlo.
¡El dios Mammón sigue rigiendo los destinos de este mundo material!
Esta es mi opinión en torno a este asunto.
Paz ☮ ✌ (y mis respetos para todos aquellos que puedan diferir de estos puntos de vista).