Saturday, September 1, 2018




Aclaración previa: El propósito original al escribir esta nota fue criticar el sentido de valorización del ser humano a partir de la popularidad, las posesiones y la fama. Fue redactado en un sentido bufonesco y no con verdadera rigidez expositiva, de ahí que algunas de las conclusiones y deducciones a las que arriba resulten disparatadas (o del todo absurdas) al lector. Lo que es importante subrayar en el escrito es que el valor del SER esencial (NO el del “ser” relativo de la personalidad) es absoluto e independiente de cualquier otro elemento externo. “Negarse a uno mismo” (como sugería Jesucristo hacerlo) equivale a negar el “ser” superfluo y dependiente del reconocimiento y las posesiones que se aloja en nuestra personalidad. Un logro tal conlleva descubrir al SER libre, soberano y absoluto en el que existimos como seres trascendentes y es el que conduce al individuo a un verdadero “nuevo nacimiento”. No es ésta una tarea fácil.

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Apreciados amigos (en especial los únicos 2 o 3 que me leen):

Me acabo de enterar que según algunos renombrados analistas, si uno tiene varios años de tener una cuenta en Facebook* y no cuenta con al menos unas pocas decenas de amigos, uno no está en nada y algo anda muy mal. Según estos interesantes estudiosos, “TENER” muchos amigos en la red es sinónimo de “SER” muy conocido, sociable y popular. He de confesarles que cuando me enteré de esta nota, corrí a revisar mi cuenta y me topé con la nada agradable y muy preocupante noticia de que en mis muchos años de tener cuenta en Facebook solamente cuento con unos pocos prójimos afiliados a mi muro (¡y varios de ellos son mis propios familiares!). Amigos míos, ¡esto no puede continuar así!

Decidí analizar estas cosas con mente fría para buscarles una solución y evitar caer en la “depre” (palabra tan de moda hoy en día), y lo primero que hice fue considerar en detalle la tesis de estos pensadores. Me di cuenta de que estos prójimos en verdad son muy inteligentes, porque si bien no nos revelan toda la profundad de sus cogitaciones (entiéndase, “pensamientos”), de seguro tienen que haber arribado a la siguiente conclusión: «tener es reductible a ser». (Sí, ya sé que esto último demanda un aclaración “ipso facto” so pena de abandonar la lectura “right now”.)

Se lo pongo facilito: Si usted TIENE educación entonces usted ES educado. Si TIENE riqueza, ES rico. Si TIENE salud, ES saludable, etc. etc. etc., y así continúa la letanía. Obviamente lo opuesto es igualmente válido: SI usted NO TIENE educación entonces usted ES un mal educado, si NO TIENE plata, ES pobre, etc. etc. etc. En todos y cada uno de los casos TENER resulta reductible a SER, es decir, una cosa conlleva a la otra y la termina reduciendo a un único estado, el de “ser”. (Por cierto, recuérdese que “ES” es la 3ª persona singular del presente indicativo del verbo “SER“, eso es muy importante).

¿Y cuál sería la importancia de todo esto? Pues mucha, porque no hace falta demasiada masa gris para concluir (siguiendo el razonamiento anterior) que para “ser” hay que “tener”, y como el común de la gente identifica el SER con el “ego” resulta que si alguien POSEE (o tiene) mucho de algo, entonces considera que ES más que el resto de prójimos que andan escasos de tal posesión. Igualmente, aquellos que andan DESPOSEÍDOS de algo (o les escasea), tienden a considerar que SON menos que el resto de prójimos que sí disponen en abundancia de aquello que consideran su carencia.

Ahora bien, hay dos tipos de posesiones que se valoran por sobre todas las demás: riqueza y fama, y puesto que las cosas son así (la afirmación me parece incuestionable) y se considera a quienes ostentan abundancia de tales posesiones como que (ellos) SON mucho más que los demás, una gran cantidad de personas hace todo lo que esté a su alcance con el fin de medio acercarse a esos encumbrados y con ello conseguir (por una suerte de ósmosis existencial) lograr al menos “medio SER”. Parece entonces que el mundo está carente de SER debido a los poquísimos súper millonarios y archi-famosos que se lo consumen todo y que casi no nos dejan nada a nosotros simples almas existentes desposeídas de eseidad (de “ser”, valga aclarar).
Así, el “ser común” debe ser terriblemente elástico, puesto que depende de lo que se tenga o de lo que se carezca.

Pero todo esto me presenta un tremendo lío porque las almas más sublimes y admirables de la historia se caracterizaron por su sencillez, por lo poco que tenían y por lo poco con que subsistían (Jesucristo, por ejemplo, afirmaba no tener ni dónde recostar su cabeza). Que yo sepa, todos estos individuos no le daban mayor importancia a las riquezas y decían lo que tenían que decir sin importarles si sus comentarios afectarían a la larga su popularidad (nuevamente me viene a la memoria un pasaje de los evangelios en el que la mayoría de los seguidores de Jesús le dan la espalda debido a sus palabras).

Esta singular e interesante actitud no ha sido, sin embargo, exclusiva de fundadores religiosos. A lo largo de la historia, notables pensadores, filósofos, artistas y científicos han mantenido una tendencia similar, en especial frente a las posesiones materiales, pereciera que al sentido de “SER” de ellos le resbalara la valorización basada en los bienes y la popularidad. Es más, hasta la fecha es posible observar que las mentes más brillantes (digo realmente “brillantes”), poseedoras de profundos conocimientos y criterio tienden a ser extremadamente sencillas y humildes y mantienen la insólita costumbre de no preocuparse por las cosas materiales, ni por las apariencias, ni le prestan importancia a lo que el resto de los mortales si les parece en extremo importante y necesario.

¿A quién le hago caso entonces? ¿A los individuos iluminados de la historia o al estudio de los sesudos con el que inicié esta nota? No es tan fácil decidir pero, puesto que “Vox populi, vox Dei” (“la voz del pueblo, [es] la voz de Dios”) y los estudiosos no hicieron más que recoger el decir y el sentir de las grandes mayorías para elaborar su estudio, he decidido ignorar a sabios y a maestros, y proceder a tener muchos más amigos en Facebook para poder “SER” alguito más yo también (por supuesto, ese “más” dependerá de la cantidad de nuevos amigos que logre conjuntar), así ya no andaré tan escasito de “eseidad” (de “ser”, valga repetir).

Como ustedes son mis grandes amigos les voy a contar el secreto de cómo hacer para TENER una mayor cantidad de nuevos contactos en Facebook y SER con ello populares e importantes. Primero tienen que visitar el sitio “buyfacebooklikesfans”, ahí se pueden COMPRAR desde 100 hasta 2000 amistades, y luego tienen que (obviamente) pagar. Los precios oscilan entre los $11.95 y los $119.95 (¡toda una ganga si se piensa en los beneficios que se obtendrían en términos de poder SER más!). Ahora bien, tengo un problema que resolver antes, ¡no tengo en mi cerdito los primeros $11.95 para comprar mis primeras 100 amistades!

Así que como no TENGO ni plata, ni amistades, ¡casi no SOY! Pero no me rindo, quizá alguno de mis amigos en Facebook quiera proveerme su lista de amistades (al fin y al cabo, ¿para qué son los amigos?) o donarme los primeros $11.95. ¿Muy feo pedir así? La verdad no me preocupa pues como casi no SOY, no me afecta. Además, todo sea en aras de poder SER un poco más.

Por cierto, y con esto finalizo, decía Descartes (a quien yo descarté desde hace tiempo) “que si uno piensa, existe”, pero como para pensar no basta con existir, sino que primero hay que “ser”, resulta que (si se siguen las leyes de la lógica) aquellos que piensan SON y quienes no lo hacen (o escasamente lo hacen) NO SON (o son un poquito menos que aquellos que cogitan bastante más). Como para el presente caso (abocado a tener más SER) no importa tanto la calidad como la cantidad de pensamiento, y como se dice que “quien peca y reza empata”, yo me he dedicado a pensar aunque sea disparates y con ello compensar la escases “eséica” debida a la poca cantidad de amigos en Facebook y a la falta de monedas en mi cerdito para comprarme mis primeros 100 despampanantes amigos. Con esto concluyo, esperando contar con la valiosa contribución de alguien que SEA más que yo (al menos en este momento). ¡Gracias amigos!

*Plataforma en la que originalmente fue publicado este artículo.

Universidad Facebook

Jorge Vargas Cullell, filósofo costarricense, relató en una columna del diario La Nación la siguiente anécdota: “…en Colombia, un doctor en Sociología, llegó a una gasolinera y el pistero le preguntó: “¿Qué le sirvo, doctor?”. Deleitado y al mismo tiempo intrigado por el trato, el sociólogo le respondió: “¿Cómo supo que soy doctor?” A lo que el pistero replicó: “Es que en Colombia cualquier pendejo es doctor”.

En cuanto leí esta historia se me prendió el bombillo y en doble incandescencia, porque vi, por un lado, la oportunidad perfecta para hacer un gran negocio y, por el otro, la forma de atiborrar nuestros países de todo tipo de profesionales de alto nivel (licenciados, masters y doctores) que van a atraer a los inversionistas extranjeros y que van contribuir a que seamos una región riquísima.

Para los interesados en participar del negocio el asunto va así: Vamos a fundar una instituto de educación superior llamado “Universidad Facebook” (ahí está el logo)* y la vamos a promocionar, obviamente, por este mismo medio. No es necesario que me digan que ya existe algo con el nombre de “University of Facebook”, eso es solo para ingenieros, además, no hay porque que ser tan negativo ni aguafiestas. Como esta red es tan popular, y como “Facebook” suena parecido a “cara de libro”, y como los libros, además, son sólo para la gente que estudia, es buenísima idea usar ese nombre. Yo sé que alguno me va a venir con que la traducción “cara de libro” es del todo errónea, no importa, lo que cuenta en este caso es la intención, y “cara de libro” suena muy estudioso y apropiado.

Nos vamos a distinguir por sobre cualquier otra universidad por dos razones: 1) ser prácticos y 2) muy (pero muy) económicos. Vamos a sacar provecho de eso que todo el mundo sabe (aunque se haga el tonto): que la gente se gradúa hoy en día como abejones de mayo y que no saben nada de nada. Hoy por hoy lo que importa es el título, y ahí está el secreto del negocio que propongo.
Operaríamos así:

1) Cuando el aspirante llegue a nuestro elegante edificio (hay que invertir en eso por aquello de las apariencias) lo primero que le vamos a preguntar es en qué profesión desea graduarse y cuál es el nivel de posgrado al que aspira.

2) Le proporcionamos la lista de nuestros bajísimos precios para los distintos títulos académicos (que van desde un bachillerato universitario hasta el doctorado, el primero sería el más barato y el último el más oneroso), a fin de que elija su opción más conveniente, es decir, la que esté más al alcance de su bolsillo.

3) Una vez hecha la elección por parte del futuro graduado procedemos a consultar los calendarios y le asignamos de inmediato una fecha tentativa de graduación, la que por lo general acontece unas pocas semanas posteriores a la fecha de matrícula (en dependencia de la cantidad de postulantes por cada rama de estudio). Para los lectores más lentitos debo aclarar que en nuestra universidad NO será necesario haber llevado ningún curso ni haber puesto un pie en el aula para poder obtener un prestigioso grado académico.

4) Se le da una semana para que pague (si no, “no hay de piña”).**

5) Le confirmamos a los solicitantes por email (por ser más barato) la fecha de entrega de títulos, el código de vestimenta, y los costos por alquiler de togas y birretes. De igual forma les informamos cuanto cobramos por anillos de graduación (todo esto es parte del negocio).

6) El día de graduación procedemos (claro está) a la entrega de los títulos. Los discursos de entrega los darán algunos ex graduados de nuestra propia alma mater y versarán sobre los beneficios de poseer un título académico cuando se trabaja para el gobierno (de seguro gran parte de nuestros graduados van a colocarse ahí), o para el sector privado (firmando toda suerte de estudios que favorezcan los intereses de las grandes corporaciones).

7) Las palabras finales de despedida las dará el presidente de la Universidad Facebook (es decir, su servidor) y serán siempre las mismas: “Queridos estudiantes, esperamos que les vaya muy bien en sus vidas profesionales. Los que quieran partir están en la libertad de hacerlo y los que quieran en verdad aprender recibirán un folleto sobre otras instituciones más o menos regularcitas donde podrán llevar las materias que consideren pertinentes, al fin y al cabo ya cuentan ustedes con sus flamantes títulos académicos”. (No creo que vaya a hacer falta gastar plata imprimiendo muchos de esos folletos… casi nadie los va a querer.)

Antes de que se pongan pesimistas y me digan que una universidad así no es negocio ni funciona, les tengo que dejar saber que estoy enterado de primera mano sobre la fundación “tiempo ha” de una universidad creada exprofeso en Costa Rica con el fin de otorgar títulos profesionales a algunos altos dirigentes de cierto partido político (de cuyo nombre no me da la gana acordarme) y que luego de “graduados” estos prójimos, procedieron a clausurar la tal universidad. Todo se hizo “de a calladito” y uno de esos graduados es (de pura circunstancia) conocido mío.

Ahora bien, hay que preparar algunas respuestas para los interesados que sean más avispados. Podría suceder, por ejemplo, que alguien nos cuestione:

— ¿¡Pero weón!, qué voy a hacer yo con un título de abogado si no sé nada de leyes?

—Fácil, se le responde. Lo que usted hace es que se consigue una platilla y pone un bufete de abogados.

— ¿Y qué hago con eso weón? —insiste el menso. No le acabo de decir que si me graduó de aquí no voy a saber nada de leyes.

—Idiay weón, ¿qué es, que no le cae? —Como para abrir un bufete hay que ser abogado, usted pone la oficina, cuelga el título y contrata a un montón de tinterillos, de esos weónes que saben más que los mismos abogados graduados, les paga una comisión bajita por cada caso y usted se queda con todo el resto de la plata. ¿Ya la vió? También puede contratar weónes recién graduados de otras universidades y les paga cualquier cosa.

¡Hay que ver la cara de iluminación que va a poner nuestro interesado! (¡Cliente convencido!).

Yo insisto que esto funciona, aquí mismo (en los EE.UU) me he topado con doctores que obtuvieron su título con una tesis que es como para (sin exagerar) morirse de la risa. En otro caso conocí a un prójimo eclesiástico que apenas podía medio escribir y que aspiraba a convertirse en doctor, yo me di cuenta de su falta de formación debido a que fui invitado a participar en su “doctoral thesis support team”. Al final era tanto lo que había que cambiar y corregir que me retiré del grupo aduciendo falta de tiempo. He de decir que al final el susodicho fulano siempre se salió con la suya y que, hoy por hoy, es doctor en divinidades ¡y que gana como tal!

Bueno amigos, ¿se apuntan al negocio o no?

*Escrito originalmente en Facebook
**Expresión costarricense, equivale a “nada de nada”.

Friday, October 2, 2015

Matanzas en los EE.UU.

¡Y una matanza más! … y de nuevo las mismas discusiones públicas de siempre: ¿es producto de las leyes que favorecen las portación de armas, o es culpa de las personas que hacen uso de éstas? ¿Quién es al fin y al cabo el que mata, el arma o el individuo que la porta?
En un mundo donde las personas pudieran pensar libremente, sin ser sometidas a las fuertes influencias de los «creadores de opinión», las respuestas parecerían ser obvias: el arma, como instrumento PASIVO (es decir, como utensilio que recibe la acción de otro sin actuar autónomamente) carece del necesario componente volitivo que la haga operar por sí misma. El responsable sería entonces el desquiciado mental quien, fungiendo como elemento ACTIVO (es decir, como aquel que por definición es «actor de sus actos»), hace uso ella para tirotear a tantos inocentes como le resulte posible.
El argumento anterior (o algo similar, porque ese fue de mi manufactura) es utilizado a ultranza por la muy poderosa «Asociación Nacional del Rifle de los EE.UU.» para evitar cualquier forma de regulación a la portación de armas, y para promover la venta libre de (casi) cualquier tipo de éstas (incluyendo los famosos rifles de asalto). Según la retórica de esta organización, lo que en realidad es necesario controlar es a los enfermos mentales, quienes, al fin y al cabo, también pueden hacer uso de cualquier otro objeto (un cuchillo, un bate, un martillo, etc.) como instrumento de muerte.
Hasta aquí la argumentación parece razonable e inobjetable, no obstante, contiene varias falacias:
1) No se trata de asesinatos sino de matanzas (la distinción es importantísima). Un desquiciado que (como ejemplo) porte un cuchillo en un lugar público, puede herir o matar a una o (a lo sumo) a unas pocas personas, su poder letal es potencialmente limitado en virtud del instrumento del que hace uso. De igual forma, el poder de defensa de la víctima es potencialmente superior, cuenta con mayor posibilidad de sobrevivir: puede hacer uso de técnicas de defensa personal, puede correr sin temor a ser alcanzado por las balas, puede ser auxiliado por individuos que intervengan en el ataque, etc. (Me parece evidente que no es necesario extenderse mucho en la explicación en torno al porqué es más probable sobrevivir al ataque con cualquier utensilio convencional que al de un arma de fuego —sea que se trate de una pistola o un rifle de asalto—, y tampoco al porqué la cantidad de víctimas entre un caso y otro es muy distinto).
2) Siguiendo la lógica de la asociación (es decir, haciendo aplicación puntual del razonamiento), las armas de extinción masiva (sea que se trate de las nucleares, las químicas o las biológicas), tampoco constituirían un problema en sí, sino que serían los individuos que hacen uso de éstas los únicos responsables por las muertes que se deriven de su uso. Como prueba de su razonamiento podrían (eventualmente, porque nunca lo he visto) mencionar los aviones utilizados en los atentando del 11 de setiembre del 2001 como ejemplo de que muchas cosas pueden igualmente ser usadas como «arma de destrucción masiva»: un autobús, un tren, un barco, etc., y que esto demostraría una vez más que el problema yace en los sujetos, no en los objetos. Este argumento obvia el «principio de función» de las cosas. Me explico: el «principio de función» de una botella (por ejemplo) es contener líquido, no acabar con la vida de nadie. No existe responsabilidad implícita en la construcción de la botella por su potencial uso como arma. Aunque una botella pueda ser usada para rompérsela en la cabeza a un prójimo (tipo «Viejo Oeste») o para (luego de quebrarla) proceder a zampársela en la barriga a otro fulano (tipo pandillero), eso no implica que su propósito original fuera el de herir o el de acabar con la vida de nadie. Si ese razonamiento fuera correcto entonces tendríamos que concluir por igual que Dios mismo sería el responsable por la muerte del diácono Esteban (tal y como aparece narrada en el libro de los Hechos de los apóstoles), por haber creado las piedras con las cuales lo lapidaron (una irreverencia y un absurdo a todas luces pues, esencialmente hablando, las piedras no son armas). Por definición un arma es «un instrumento, un medio o una máquina destinados a atacar o a defenderse». Las armas (todo tipo de armas) son construidas con el propósito ex profeso de herir o liquidar a un tercero. Ahí es donde radica el meollo de lo engañoso en el argumento de la asociación, pues, no sólo obvia el principio (de función de las cosas), sino la corresponsabilidad que tienen fabricantes y distribuidores en la muerte de inocentes.
3) Pedir que se controle a los individuos que padecen trastorno mental es tan disparatado como pedir que se controle a los prójimos que sufren de presión arterial: simplemente surgen de la noche a la mañana. Si bien es cierto muchas de las personas que han protagonizado las matanzas mostraban desde antes alarmantes señales de conducta, también es cierto que ha sido la misma asociación la que más inflexiblemente se ha opuesto al control en la venta de armas y a la revisión de los registros de los potenciales compradores. Por otra parte, el ser humano es impredecible, no resulta tan extraño el hecho de que un individuo conocido por una notoria ecuanimidad y estabilidad, de la noche a la mañana se convierta en un asesino o en un francotirador motivado por (según él) deseos irrefrenables de venganza y justicia.
4) Un individuo mentalmente perturbado en posesión de un instrumento no letal, no es capaz de realizar el mismo nivel de daño que el que puede hacer uno que sí cuenta con un arma de fuego (una verdad de Perogrullo, pero hay que mencionarla). Como no es posible determinar a ciencia cierta y con absoluta seguridad quien puede (de la noche a la mañana) trastornarse y quien no, los objetos letales diseñados con el propósito ex profeso de quitar la vida o causar daño deberían estar únicamente en manos de las autoridades competentes, no en las del público (y menos aún ser vendidas como si se tratara de juguetes).
En este país resulta más difícil comprar un medicamento (debido a la gran cantidad de calculados controles) que comprar un arma de asalto AK-47. Los fabricantes y distribuidores de armas deberían ser considerados corresponsables por las muertes y (al menos) resarcir económicamente a los deudos.
Quedaría mucho por decir pero queda poco tiempo y espacio para hacerlo.
¡El dios Mammón sigue rigiendo los destinos de este mundo material!
Esta es mi opinión en torno a este asunto.
Paz ☮  (y mis respetos para todos aquellos que puedan diferir de estos puntos de vista).

Thursday, October 1, 2015

ACTIVISMO, ADOCTRINAMIENTO, Y PROSELITISMO DESHONESTOS


Cuando era niño y alguien quería poner en duda la validez o la autenticidad de algún escrito solía recurrir a la expresión «el papel aguanta lo que le pongan». Hoy en día lo apropiado sería decir «Internet aguanta lo que le pongan».

Desde ya hace algún tiempo se ha venido incrementando en las redes sociales el uso de fotografías e ilustraciones que contienen frases atribuidas a tal o cual personaje famoso con la finalidad de llevar agua a los molinos de distintas causas. Dado que la mayor parte de estas citas son espurias, podemos afirmar que nos enfrentamos a una tendencia no sólo deshonesta (al menos intelectualmente deshonesta), sino también manipuladora y engañosa.

Los temas favoritos con los que se suele hacer más uso de esta reprochable práctica son: la religión, las causas políticas, los temas de motivación personal, los derechos humanos (y animales), la temática medioambiental, los asuntos de geopolítica y los postulados de la Nueva Era (entre otros tantos). En cuanto a los personajes más usados (y abusados) se pueden mencionar al Buda, Albert Einstein, Gandhi, John Lennon, la Madre Teresa, el Dalai Lama, el Papa Francisco y a varios otros más.

Para aquellos a quienes pudiera no resultarles claro en dónde radica el problema con esta tendencia, me gustaría hacer algunos comentarios:

  1. Cuando se hace uso del nombre de un personaje reconocido para atribuirle un pensamiento que no le pertenece (o que es una distorsión de sus ideas), no sólo se está irrespetando al individuo, se está buscando confundir y generar argumentos de autoridad. El propósito detrás de esta práctica es que quien reciba la publicación se vea obligado a sentir todo el peso del personaje citado como prueba de la validez absoluta del mensaje que se busca promover.
  2.  Los creadores de estos materiales, o bien son ignorantes, o mal intencionados. Lo primero, si bien perdonable, es injustificable: no hay razón para no investigar sobre la autenticidad de una cita antes de hacer uso de ella. Lo segundo es mucho más serio: intervienen elementos de premeditación calculada, y de maquiavélica alevosía, tendientes a confundir al lector y a favorecer a ultranza una causa (con frecuencia dogmática).
  3.  La divulgación masiva de este tipo de material contribuya a la creación de una pseudo-cultura de la información: los consumidores no críticos distribuyen y redistribuyen masivamente estas publicaciones entre las redes sociales contribuyendo con ello a formalizar y a «institucionalizar» el engaño, y a perpetuar conceptos y nociones erradas sobre los (supuestos) autores de estos contenidos.
  4.  Se desfigura a tal extremo el pensamiento de los personajes citados que finalmente sus ideas se tornan irreconocibles. Se pone a ateos a predicar sobre Dios, y a religiosos a presentarse como humanistas. Los artistas se convierten en políticos consumados y estos últimos en verdaderos iluminados. Una deformación abusiva y dañina en contra de la cultura general, el pensamiento riguroso, y las manifestaciones artísticas (y místicas) que elevaron a estas personas a los más altos niveles del reconocimiento público.
  5.  En ocasiones los disparates llegan hasta el extremo de inventar historias que nunca ocurrieron, no voy a dar ejemplos para evitar herir susceptibilidades,* lo cierto del caso es que en cierta ocasión leí cómo se le atribuía a un personaje notabilísimo, un episodio durante su niñez que simplemente jamás ocurrió (esto lo habría sabido cualquiera que hubiese leído su biografía o conocido sus líneas más básicas de pensamiento). Los autores de estos engendros no solo no respetan las ideas ajenas, sino que insultan la vida de aquellos que usan en sus publicaciones.
  6.  Las suplantaciones siempre se hacen con individuos de los que resulta difícil conocer a fondo toda la documentación que existe en torno a sus planteamientos. Nunca se hacen citas apócrifas de personajes que pueden ser fácilmente cotejados y constatados. ¿Ha visto acaso alguien una publicación en la que se pone en la boca un personaje bíblico (digamos Jesús) una apología en contra del maltrato animal o de la contaminación ambiental? (es sólo un ejemplo). No se hace porque la mayoría de las personas tienen al menos una Biblia en su casa y tienen bastante claro qué cosas dijo Jesucristo y qué no. De esto se desprende que hay intencionalidad detrás de la autoría de estos materiales.
  7.  En los círculos homiléticos (es decir, aquellos en que la retórica se aplica a la predicación) se afirma que «un texto fuera de contexto se convierte en un pretexto». Nada más preciso para describir otro de los problemas que este tipo de pensamiento sucinto conlleva. No se trata solamente de que se le adjudiquen ideas a quien no le pertenecen o no se adscribe a ellas, sino que (para colmo de males), con un simple extracto (sea este espurio o no) se justifica cualquier tipo de extremismo o barrabasada. No basta con leer una idea «telegráfica» del pensamiento de un individuo notable para comprender cabalmente el significado de aquel compendio de sus palabras, para ello es necesario conocer una buena parte de su filosofía global.
Es claro que todos tenemos causas que favorecemos, yo también tengo las mías (algunas de ellas muy arraigadas): la protección al medio ambiente, la lucha en contra del abuso y el maltrato animal, el vegetarianismo (en virtud de lo anterior), la espiritualidad no religiosa, la justicia social, etc. etc. etc. Pero flaco favor le haría a mis causas creando presentaciones apócrifas destinadas a sustentar mis posturas. Las ideas se defienden por sí solas, dependen de su contenido, NO de quien las exprese. Lo opuesto es acudir a engañosos argumentos de autoridad.

En la época antigua, y hasta la Edad Media, se hizo uso extremo de este tipo de argumentación sofista (y perdonen que me ponga medio académico):* bastaba con que algún prójimo pusiera en duda una tesis de Aristóteles (aunque contara con el respaldo de una prueba científica contundente) para que el resto de la comunidad escolar le cayera encima y lo fulminara con un «magister dixit» («el maestro lo dijo»), es decir, los razonamientos eran autorreferenciales y se sustentaban en axiomas cuyo fundamento eran ellos mismos y la retórica infundada; con ello se negó por siglos cualquier posibilidad de avance y progreso científico.

Les juro (es sólo una expresión), que es mi criterio que estamos retrocediendo en términos culturales a una especie de «Edad Media Tecnológica» donde la gente sabe hacer uso operativo de los recursos computacionales disponibles pero carece de la capacidad de filtrar los resultados de la copiosa información que recibe y, ante todo, de someterla a los escrutinios del juicio crítico.

Si uno no está seguro sobre la autoría de una cita y quiere publicar un pensamiento atribuido a un personaje famoso y reconocido, lo menos que debería hacer es comentar el asunto en su publicación. Digo yo, esto es sólo mi opinión.

Paz

*Artículo originalmente publicado para un grupo de amigos en Facebook.